miércoles, agosto 13, 2014

Mi leyenda de la Diosa del Altiplano: el Tincu del día azul.

Cuenta la leyenda, según dice mi musa, que el tincu era un ritmo andino que se bailaba en el Altiplano. Fue en aquellos días cuando me enteré de la danza:

Ella era una diosa antigua que fue reina del lugar, y sus habitantes le rendían tributo, mas no tenía permitido enamorarse. Entonces, el día que sucedió, la niña se convirtió en humana y fue de él. Por aquellas deidades que la la favorecieron, fue dotada de poderes secretos, y en estos días es una viajera del tiempo que recorre las montañas a la espera del tan ansiado encuentro.

Todos los veranos, la diosa Daniela llega con su amante y se le entrega, pero sólo puede marchar si emprende el vuelo antes de la llegada de la nieve. Si no lo hiciera, ambos morirían; pero, como ella es fiel a los seres de las montañas, se mantiene dentro de su costumbre, y por ello es que las Deidades del Norte le confirieron la Eternidad como condición. Al caer el otoño, entonces, inicia su despedida, y unos días antes del invierno se marcha.

Los bohemios del lugar siempre vienen a mí a contarme sus vivencias: cuando ella llega, una danza de charangos y quenas se inicia para recibirla en adoración, ante la alegría de su amado y el festejo de toda la población de Perú, Bolivia, Chile y el Norte de Argentina. Es el día tan esperado el que se presentan, y ellos lo celebran con su canción: el Tincu del Día Azul.

Aquí se los dejo para que lo conozcan. Espero que algún día me encuentre con la sacerdotisa.

Tincu del Día Azul

Vendrás a visitarme.
Vendrás y serás mía,
diosa del Altiplano,
bella sacerdotisa.

Vendrás para cantarme
Tincu del Día Azul,
viento de la realeza,
fortaleza en que hallo
el amor cual cascada
y la nieve en tu adiós.

Esta vida es alegría.
No habrá más soledad.
Los charangos y quenas
danzan alrededor.

Ya se escuchan tus pasos.
Tu cintura es el sol.
Ya se escuchan tus pasos.
Tu joven cintura ya es mi canción.


Vendrás a visitarme.
Vendrás y serás mía,
diosa del Altiplano,
bella sacerdotisa.

Vendrás para cantarme
Tincu del Día Azul,
viento de la realeza,
fortaleza en que hallo
el amor cual cascada
y la nieve en tu adiós.

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